En memoria de tantas víctimas que se quedan en las cunetas de la historia.
Cuando vidas terminan de imprevisto, se superponen los sentimientos y uno piensa más. En el dolor ajeno, en la suerte que uno tiene cada día, en tanto que está por hacer...
Quizás también, al pensar en la propia vida, brota de golpe la conciencia de que el tiempo es limitado, de que cada día es un regalo, una oportunidad, un milagro, y que los otros, también esos otros más lejanos, son importantes.
Entonces, casi en voz baja, uno susurra algún propósito, formula algún deseo o eleva una plegaria a Dios, para pedir que todo encaje un poco más.
Que sepa aprovechar los días, construir, plantar la semilla de lo bueno.
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