miércoles, 12 de mayo de 2010

La felicidad

¿Elegimos ser felices? ¿La felicidad llega o hay que luchar por ella? ¿Qué es felicidad?


Si empezase a definir la felicidad, estropearía la magia que tiene. Aprendí bien la lección de quien me lo enseñó. No puedo definirla, no puedo ponerle palabras que la abarquen, que la expliquen. No puedo rebajarla a cualquier palabra más, porque es una de esas palabras que nos hacen volar a un estado diferente, nos suenan distinto. No podemos tocarla pero sabemos y necesitamos saber que existe. No la vemos y no dudamos de ella. Intentamos ponerle palabras para sentirla más cerca y nos encanta decir que somos felices porque nos hace sentir realizados y seguros en la vida que hemos escogido. ¿Realmente somos felices? ¿Buscamos la felicidad o nos llega?

Para mí alguien es feliz cuando sigue su corazón, cuando escucha su corazón antes de que su cerebro le hable, cuando se deja guiar por sus sentimientos, cuando da sentido a su vida desde lo que está escrito en su corazón. La cabeza nos despista con prejuicios, con ideas preconcebidas, nos crea miedos que frenan nuestros sueños, nos hace pensar en si somos o no felices desde los parámetros que nos impone y no desde lo que está escrito con caligrafía de niño en nuestro corazón.

Yo creo que la felicidad llega y también la buscamos. La buscamos cuando elegimos estudiar esa carrera que nos apasiona, o cuando dirigimos nuestros estudios hacia lo que realmente sentimos que nos llena. La buscamos cuando nos miramos al espejo y nos dedicamos una sonrisa. Cuando luchamos por aquello que soñamos y por lo que sueñan esos de ahí al lado que tanto nos importan. Cuando nos dejamos llevar por lo que sentimos y apartamos nuestros temores. Pero también nos llega cuando nuestra mirada se cruza con la de otra persona, cuando alguien nos hace sentir especial, cuando recibimos un abrazo o cuando dejamos que nos ayuden.
Es cómodo pensar que mi felicidad radica en los cánones que marca la sociedad, en lo que socialmente está bien visto. Eso ahorra quebraderos de cabeza, cuestionamientos, enfrentamientos con uno mismo. Lo complicado es escuchar lo que el corazón nos dice a gritos.



¿Alber?