martes, 31 de mayo de 2011

El mar de la vida


Hace casi 23 años una pareja de marineros creó una pequeña barquita. Durante los primero años de vida de la barquita los marineros le enseñaron lo que estaba bien y lo que estaba mal. Le pusieron tablas nuevas cuando lo necesitaba, le apretaban los clavitos cuando estos se desajustaban, le dieron diferentes manos de pintura según estas se iban desgastando. La cuidaron y le enseñaron muy muy bien la pequeña isla en la que vivían ellos y su hermanita más pequeña.

Aquella isla parecía que, como su nombre indicaba, estaba aislada. Pero la pequeña barquita pronto descubrió que existían más islas, algunas más cerca; tanto que casi tocaban la isla donde vivía ella; y otras más lejos; algunas ni siquiera se veían desde ahí.

El tiempo pasó y sucedió algo que la barquita no supo asumir al principio. Uno de los marineros abandonó la isla. La barquita se sentía perdida y echaba de menos a su aita a pesar de que de vez en cuando visitara la isla de nuevo. Pero pronto asumió que las cosas no volverían a ser como antes y que tendría que acostumbrarse a esa nueva vida, con un marinero diferente.

Durante esos años la barquita conoció nuevas islas y otras barcas. Había isla muy grandes y otras más pequeñas; lo mismo ocurría con las barcas. Conoció a grandes yates y veleros, de los que aprendió muchas cosas y también conoció a crueles balleneros y buques de guerra que le intentaron hacer daño o que la miraron con soberbia y superioridad. En ocasiones la barquita se sentía mal por ello, pero siempre podía volver a su isla, con sus marineros y sus barquitas amigas. Ahí estaba a salvo, segura y sabía que nadie le haría daño en aquel lugar.

La barquita se empezó a dar cuenta que no solo los demás hacían mal las cosas, ella también cometía errores y tenía fallos. Los marineros ya no estaban siempre encima diciéndole cómo hacer las cosas, no podían arreglar todos errores que la barquita cometiera. Si bien es cierto que si pedía ayuda, se la daban; la barquita no siempre tenía fuerzas o valentía suficiente para pedirla. Tuvo que aprender a enmendar sus errores y a veces para ello intentaba aparentar ser otro tipo de barca. Pintaba sus maderas con otros colores o las forrada para que el agua no entrara y no pudiera hundirse. Incluso llegó a cambiar sus maderas por otras; para no aceptar sus fallos. Pero lo que la barca no sabía es que haciendo eso tampoco dejaba ver todo lo bueno que tenía.

Llegó un día en el que la barca salió de su pequeño archipielago para conocer otro un poco más grande. Seguía viviendo con su familia, pero conoció más barcas, de muy diferentes tipos; conoció más islas y dejó de ir a otras. Ya no se trataba solo de aprender y aprender, que también; sino que decidió que quizás ella también podía enseñar algo de su poca y humilde experiencia de vida a otras barcas más jóvenes. Le gustaba tanto enseñar y disfrutar con las otras barquitas que pensó que quizás podría prepararse para saber hacerlo bien. Por lo que emprendió un pequeño proyecto, el de ser profesora. Para la barca fue un proyecto que no ha sido del todo fácil, aunque otras barcas pensaran lo contrario. Ha habido corrientes que la han desorientado de su camino, alguna parada en el camino en alguna isla en la que quizás no aprendió mucho academicamente, pero en la que conoció embarcaciones con las que sigue teniendo contacto y en la que aprendió algo sobre el sacrificio. Ha día de hoy nuestra barca sigue viajando hacia ese objetivo, pero ya queda poco viaje y ve cerca la meta a la que quiere llegar.

Sin embargo este no ha sido el único proyecto que la barquita a comenzado. Desde hace 4 años nuestra barquita trabaja en una isla, a veces trabaja más y otras menos; incluso ha habido épocas en las que no ha trabajado. Pero esta isla está situada más allá de su archipiélago; esta isla está en un mar que se llama “MUNDO REAL” . La barca ha tenido contacto con este mundo y ha podido comprobar que las corrientes de este mar son más fuertes y peligrosas y que está lejos la protección de la isla donde ella vive. Pero no todo es malo en esta isla, ahí ha aprendido lo que es la responsabilidad y ahora sabe valorar mucho más todo lo que tiene a su alrededor. También ha conocido a barcas hermosas y con grandes corazones a las que ahora puede llamar amigas. Sin embargo, como hemos dicho, en el mundo real puede aparecer una ola gigante y llevarse todo lo que creias tener. Además en esta isla existe una especie de animal, es un tipo de camaleón; cuando lo miras es de una manera, pero al darte la espalda cambia y puede llegar a atacarte por detrás. Nuestra barquita ha sufrido por ello, porque esas olas le han hecho daño en sus sensibles tablas y le han dejado marcas; y esos camaleones han mordisqueado sus grietas. Ahora nuestra protagonista está aprendiendo a tapar sus grietas y está desarrollando un nuevo material para sus tablas; es un material que hace resbalar y suavizar esas olas gigantes; pero que deja pasar el aire fresco y el olor dulce que otras barquitas buenas desprenden.

En cuanto a su isla, la barquita empezó a cansarse y a sentir que ya no era su isla y que no había sitio para ella. Había otras dos barquitas más en la isla y no le gustaba tener todo el día a los marineros observando lo que hacía o dejaba de hacer. Odiaba que le pidieran explicaciones y tenía el anhelo de marcharse a buscar otra isla. Busco y buscó y no encontró o no quiso encontrar. Para sus sorpresa, su madre la apoyo y le ayudo y surgió una idea interesante y bastante viable; pero como en esta vida muchas veces ocurre; una gran ola del mar “Mundo Real” cambio las corriente del pequeño archipiélago lo que hizo que por el momento esa isla para nuestra pequeña, o no tan pequeña, barca no pueda ser alcanzada. Sin embargo, esto no ha dejado que la barca se hunda; ha aprendido de ello y sabe que la paciencia dará sus frutos y cuando el mar lo permita ella alcanzará su tan querida isla. Además, gracias a esto la barquita está aprendido a valorar la isla que ya tiene; ya no le resulta tan pequeña y en ocasiones se siente orgullosa de ella.

Por otra parte, la barquita lleva compartiendo viajes por el archipiélago con una barco más grande desde hace un tiempo. A pesar de ser más grande que ella, la barquita se siente a gusto y segura con él. Sabe que las corrientes del archipiélago pueden hacer que sus caminos se separen pero ella por el momento disfruta del viaje. Este acompañante ha sido el encargado de hacer que la barquita se de cuenta de muchas cosas y de que por fin no se sienta sola. Estaba harta de acompañantes de viajes ocasionales y de barcos que solo estaban interesados en ellos mismos.

Por fin la barca está aprendiendo a quererse y a no dejar que otras barcas la intenten hundir. Ha aprendido a secarse si la salpican y a nadar entre las olas. Hoy es el día en el que la barca no cambia sus maderas, ni las cubre, ni las pinta. Acepta sus marcas y pequeñas grietas tal y como son; lo que no significa que no intente mejorar; por supuesto que lo intenta, pero no deja de ser ella en el intento. Hoy la barca sigue amarrando ancla en su isla, la cual cada día valora y aprecia más, pero día tras día busca su lugar en este mar tan grande.


En definitiva lo que quiero decir con todo esto es que ya por fin me he encontrado. He recorrido mucho camino hasta llegar aquí y sé que me queda muchísimo más por recorrer; pero ahora sé que quien camina soy yo. He aprendido que a pesar de proponerte objetivos y de tener proyectos; estos no siempre tienen por que salir y que quizás ese “fracaso” pueda conllevar un futuro éxito o un aprendizaje, como ha sido mi caso. Conozco mis fallos e intento mejorarlos, pero a la vez los acepto y no trato de ser quien no soy. Quizás no haya encontrado aún mi lugar, mi función, mi tarea en este mundo tan grande; pero al menos sé que ahora estoy lista para encontrarla y que algún día la encontraré.


Txaski